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Monday, 23 September 2013

El trabajo de un profesor durante una semana Comenius: Mis sensaciones en Polonia 2013

La semana que se viaja, más las semanas de preparación de los trabajos y la preparación del viaje implican muchas horas de trabajo y muchas horas de nuestro tiempo libre para conseguir que una semana Comenius sea una experiencia inolvidable para nuestros alumnos y para nosotros mismos.

Este viaje comenzó a prepararse en el mes de agosto, cuando conseguimos los billetes para volar a Cracovia, en nuestro Centro los billetes se reservan con las tarjetas de crédito de los profesores y de esa manera se pueden conseguir vuelos más económicos. Una cena en casa con Blas y unas horas buscando los mejores vuelos para conseguir volar en las mejores condiciones después de horas de búsqueda y tardes intentando encontrar los mejores vuelos para no malgastar el dinero del programa, unos días más tarde reservé los apartamentos en Cracovia y ya todo estaba preparado para irnos los dos profesores y las cuatro alumnas de este viaje a la ciudad de Końskie en Polonia.


El comienzo de curso en España es en septiembre, después de los exámenes, durante una semana decenas de correos para que las alumnas preparasen el mural sobre la “Importancia de la polinización en nuestra sociedad, el comportamiento de las abejas y su estado actual”, y una semana completa preparando el mural, los textos, la forma de exponer, ensayo de las exposiciones y exposición delante de nosotros, los profesores implicados en el proyecto y además delante de sus madres, del trabajo que iban a mostrar a todos los grupos internacionales en la ciudad de Konskie (Polonia).

Y ahora viene todo el trabajo en la semana Comenius, es imposible relatar todo lo que trabaja un profesor en una semana Comenius, en mi coche particular me llevé a las alumnas a Barajas, a las 9.00 de la mañana sus madres y ellas me esperaban en la puerta del Centro, los primeros nervios, las maletas, las tarjetas de embarque, los DNIs, los pasaportes y esas primeras charlas sobre el verano y lo que nos puede deparar el viaje.

Paramos en Decathlon, primeros aprendizajes, les mostré un portadorsales, les expliqué cómo es un triatlón, me vieron como esa persona que pone en práctica aquellos consejos que ellos no entienden cuando se les da clase entre cuatro paredes en un centro de secundaria. También paramos en Ikea, de repente el profesor es esa persona que tiene casa, que les enseña Madrid o que se mueve por la M-40 y las lleva a Barajas. Para hacerlas responsables les di las tarjetas de embarque (yo llevaba otras dos copias, por seguridad), pero son ellas las que tienen que aprender a facturar, embarcar, moverse y leer las pantallas del aeropuerto, a coger el autobús del parking de largas estancias o a moverse con equipaje de mano (más aprendizajes), y para ahorrar algo de dinero, nos llevamos unos bocadillos de casa que nos cominos antes de ir a nuestra puerta de embarque.

Al llegar a Cracovia, más aprendizajes, hay que coger el autobús al centro, el 292 concretamente, del aeropuerto a la estación de autobuses, 40 minutos en bus hasta el centro y después saber orientarse en una ciudad para llegar andando desde allí al apartamento, pero su sorpresa es que los profesores cocinamos, ya no somos el “maestro” de tal o cual asignatura, somos esas personas que les están preparando la cena; a mí, al ser de educación física, me ven por la mañana salir a correr y llegar con el desayuno, ellas preparan las tostadas y todos compartimos un desayuno hablando de la vida, del viaje, de su adolescencia, de su futuro, de igual a igual, y todo sin tener que estar pensando en que lo hacen por obtener una nota, sino solamente por aprender para la vida.


Más aprendizajes, ahora hay que moverse por una ciudad e ir a Auschwitz, estás en Polonia, diferentes medios de transporte, diferentes carreteras, allí los dos profesores mostrándoles un país, ¡E imaginad al llegar a Auschwitz!, ver y entender por qué el ser humano puede crear esas “imágenes” del terror, y la clase de historia sale en cada segundo, hablar de la película “Schindler´s List” o del “Diario de Anna Frank”, o hablar y comentar lo sufrido en el gueto judío de Cracovia, leer en inglés las descripciones del horror nazi o pasear por donde antes tanta gente sufrió tanto y tanto. Después de nuevo compartimos la comida en un KFC con las alumnas, más aprendizajes, más conversaciones y más experiencias en común.

De regreso a Cracovia uno va pensando cuántos aprendizajes y qué distintos cuando uno lo vive y, lo mejor, saber que gracias al trabajo de los profesores, algunos alumnos pueden estar viviendo y entendiendo lo que es la Humanidad, Blas entre medias les habla de literatura, de filosofía, de lo que pueden leer, recita algunos poemas y alguna alumna le comenta que este verano ha leído a Jean-Paul Sartre y las demás le comentan a Blas qué lecturas han sido las que más les han gustado en estos años de instituto.


Por la noche de nuevo en un restaurante italiano se sigue trabajando, se habla de las exposiciones, de la importancia de saber comunicarte en inglés, de abrir la mente a otras culturas, les hablamos de nuestros viajes a Tanzania, Tailandia, Islandia, Estados Unidos, Canadá o Camboya... o de viajes que hemos hecho como mochileros por Italia, Escocia, Irlanda o Suiza..., les hablas de las ciudades que hemos visitado en Europa en nuestras vidas: París, Londres, Nueva York, Toronto, Ottawa, Berna, Basilea, Ginebra, Roma, Florencia, Venecia, Lyon, Bruselas, Ámsterdam… y un largo etcétera de ciudades que ambos profesores hemos visitado en estos años (comprenden que estás allí por ellas, que nosotros viajamos mucho en nuestra vida privada, que un profesor es esa persona que muestra la cultura gracias a haber vivido más años que los alumnos, pero que viaja para aprender y después poder enseñar de lo vivido), les hablas de nuestra manera de entender la vida, el deporte, la educación o la adolescencia, de nuevo, más aprendizajes para nuestras alumnas.

Por la mañana de nuevo te ven salir a correr, unas risas al verte hacer abdominales o flexiones después de una hora de carrera continua por los alrededores del río Vístula y además vestido de atletismo, preparamos el desayuno todos juntos, recogemos la cocina y de nuevo, más aprendizajes, moverte por un país con la maleta, llegar a Końskie no es fácil, y esta vez no pudimos comer, y en un supermercado compramos algo como tentempié, ellas te ven como esos profesores que se preocupan por ellas, y al llegar a Końskie  un nuevo aprendizaje, ven a un chico español bilingüe en polaco con un buen nivel de inglés, que estaba visitando a sus abuelos polacos en Końskie  Y ahora llegan las familias, los reencuentros y de nuevo otro aprendizaje, adaptarse a vivir con una familia desconocida, un idioma que no se entiende y aprender la importancia de hablar una segunda lengua.


Al día siguiente la jornada empieza a las 8.00 de la mañana, llegas al instituto polaco, preparas el mural, les das a las chicas sus exposiciones y todo el material preparado en España durante la semana previa al viaje, se reúnen en grupos internacionales y deben exponer en inglés delante de una auditorio de más de 50 personas, más experiencias y más aprendizajes: hablar en público, saber moverse en un espacio diáfano, hablar en un inglés entendible y mostrar y poner en el mapa a su pueblo y a su país en Europa.


De repente se ve a La Solana en Polonia, en un pasillo hay un mural de nuestro pueblo, con fotos de la semana Comenius española y aprendes la importancia de la movilidad global en un mundo global como el que van a vivir nuestros alumnos.


Visita a la ciudad todos juntos y nuevos aprendizajes, los cambios de moneda, saber cómo funciona la venta y compra de divisas, toda la semana han manejado otra moneda, han cambiado euros por zloty, y han visto el negocio en las casas de cambio. Al mediodía, comida todos juntos en el hotel y nuevos aprendizajes, aprendimos a bailar tres bailes polacos, momentos de diversión, profesores y alumnas en un mismo grupo.

Esa cena del primer día, se suele hacer una reunión de todos los profesores para ir rompiendo el hielo, esas relaciones sociales en donde todos los países hablan de la situación actual en Europa, es decir, al final uno se va a la cama a las 00.00 después de un largo día de actividades y de trabajo con los alumnos, sin que uno tenga la sensación de haber perdido el tiempo.

El martes a las 9.00 visita una granja de apicultura, más aprendizajes, de cómo funciona una empresa, cómo se vende un producto o cómo se etiqueta una botella o se preparan los palés para hacer viable un negocio.

En la comida de nuevo más aprendizajes, saborear comida típica y educar el paladar a los sabores distintos a los de sus hogares.

Y en este viaje, de nuevo a las 5.00 de la mañana del miércoles todos los profesores en pie, viaje a Zakopane, a las 6.00 nos esperaba el autobús en la puerta del hotel, mañana en Cracovia, donde en grupos internacionales completamos un “quiz” sobre la ciudad, más aprendizajes en inglés, más uso de la lengua y más relaciones personales. Profesores y alumnos aprendiendo cultura de una ciudad, de un país, juntos, sin la superioridad del profesor que domina su asignatura, sino como esa persona que está compartiendo un aprendizaje en común.


A mediodía llegada al hotel de Zakopane, donde nos asignaron habitación y visitamos esa formidable ciudad en el sur de Polonia, por la noche una pequeña fiesta para los alumnos y una charla entre profesores en el hall del hotel, donde compartimos algunas botellas de vino y una agradable conversación hasta las 00.00.


Al día siguiente, ya jueves 19 de septiembre, una día largo por el frío y lluvioso Zakopane, subida al funicular y cena a las 16.00 horas, cierto, no me he equivocado; por la tarde me fui al gimnasio del hotel y al abrirse la tarde, es decir mejorar el tiempo, me marché a correr por las montañas que rodeaban el hotel donde nos alojábamos mientras las alumnas terminaban sus trabajos en una sala de conferencias del hotel, para terminar el día en una cena de profesores en un restaurante donde disfrutamos de una deliciosa trucha.


El viernes a las 8.00 de la mañana ya estábamos desayunando, a las 8.45 un autobús para llegar a Wieliczka, donde visitamos la mina de sal, un lugar Patrimonio de la Humanidad y que de nuevo nos dio la posibilidad de seguir aprendiendo, de hablar y participar de la vida de los mineros, de conversar sobre la importancia de la sal como medio de conservación de alimentos, descubrir cómo descender a 130 metros bajo la tierra y subir en la jaula minera para llegar a la superficie unas horas después.

Y ya por la tarde nos dejaron en Cracovia, habíamos reservado nuestro apartamento, pero le dimos al grupo croata el email para que reservasen esos mismos apartamentos, pero de repente ellos lo pagaron por internet, nosotros los pagamos en la oficina y sin darnos cuenta, nos quedamos sin el nuestro, gentilmente compartimos las reservas, ellos ocho personas en un apartamento de seis, y nosotros seis personas en uno de cuatro, de nuevo aprendiendo a compartir, a ayudar a los demás y comprender que para eso estamos, para cada uno ponerse en la situación del otro y ceder gentilmente lo que uno tiene.

El sábado me levanté temprano, una nueva carrera por el río Vístula y compré los desayunos de los dos días, una agradable mañana por Cracovia, nuestro nuevo apartamento, visita al barrio judío y por la tarde las chicas de compras y nosotros de turismo, de nuevo deben aprender a comprar, a manejar una nueva moneda o no ser engañadas por los comerciantes para turistas, además de ser responsables para quedar a una hora en tal o cual sitio, para terminar el día hablando en inglés con el novio de una alumna polaca que trabaja en una multinacional de telefonía móvil, en el italiano del primer fin de semana, antes de irse a dormir. Blas y yo dimos un último paseo por el gueto judío, mientras las chicas ya dormían en el apartamento, para despedirnos de la ciudad de Cracovia.

Y el domingo 22 de septiembre a las 06.15, ya estábamos en pie preparando los desayunos de las chicas y guardándoles los objetos que no les cabían en sus maletas en las nuestras, un último momento antes de partir para Madrid donde mirar el correo con la wifi del aeropuerto, leer las pantallas de salidas y prepararse para llegar de nuevo al verano español.

Y para terminar el viaje, vuelo de cuatro horas, Cracovia- Madrid y llegada al parking de largas estancias de Barajas, parada en el McDonald's de Pinto y conversaciones en el coche sobre 2º de Bachillerato, sobre los profesores y sobre uno mismo, sobre sus preocupaciones como adolescentes y con la sinceridad de saber que ya no eres ese profesor que antes les obligaba a hacer deporte, sino esa persona que ha compartido una semana de sus vidas y les ha mostrado cómo se puede aprender sin tener que poner notas.

Y a las 18.00 horas, dejé a las alumnas en la puerta del instituto después de una pequeña charla con sus padres sobre la semana en Polonia, un domingo 22 de septiembre de 2013.

Sunday, 22 September 2013

La experiencia Comenius en Polonia desde el punto de vista de las alumnas

Empezamos nuestro viaje olvidando el móvil de Leticia, y a duras penas llegamos a Madrid, y tras muchas vueltas para encontrar Decathlon e Ikea (por cortesía de Juan), encontramos el aeropuerto. Entramos en el aeropuerto con más capas que una cebolla, debido al exceso de peso de nuestras maletas. Dispuestas a entrar en el avión, a Pilar y a Rosa las pararon en el control, llevaban un queso de regalo para las familias y la máquina lo detectó. Tras unas risas y una larga cola entramos en el avión, donde creíamos que podíamos descansar pero no, durante todo el viaje una amable niña llorando se dedicó a ponerle sintonía a nuestro viaje.
Aterrizamos en tierras polacas, nos recibió su maravilloso tiempo, en lugar de Blas, que era el que supuestamente debería recibirnos allí. Tomamos un bus desde el aeropuerto hasta la estación de autobuses en Cracovia, donde finalmente apareció Blas, pero como siempre con retraso, y poniendo excusas. Nos mostró el camino a nuestra nueva casa, ya que él llevaba por allí varias horas, y como siempre fuimos dejando evidencia de que somos españoles, por ejemplo a la hora de cruzar de acera por cualquier sitio.
Llegamos al apartamento. A primera vista no parecía lo que habíamos visto en internet, subimos las escaleras a oscuras y abrimos la puerta... Afortunadamente, el interior estaba exactamente igual que las fotos de la página web. Dedicamos un tiempo a instalarnos, mientras Blas y Juan se dedicaban a cocinar nuestra primera cena en Polonia. Cena “typical Spanish” con ausencia de sal en la tortilla, y una gran ausencia de sabor en el arroz con tomate.
Después salimos a dar una vuelta por el centro de Cracovia, que nos cambió la visión que teníamos de la gente del norte. Además de hermosas plazas y monumentos, vimos chicos sin camiseta vomitando en un parque cercano al apartamento, de vuelta del botellón, dialogando con la policía, y otros incluso tirados por el suelo a la salida de los clubs. No aguantan un traguito de vodka.
Después fuimos en busca de un río del que nos habló Juan, pero ya era tarde y decidimos volver al apartamento, y ahora hemos descubierto que nos quedamos a una calle del río.
Esa noche descubrimos que las persianas sólo existen en España, y aunque sea de noche parece que duermes a la luz del día.
Tras una larga noche y habiendo dormido poco, nos preparamos para un duro día en los campos de concentración. Nos levantamos y fuimos en busca del mejor cambio para nuestros euros, donde engañamos a Blas diciendo que Pilar había encontrado cambio en España a 4,35, y casi se muere del disgusto. Cogimos el bus y tras un viaje muy turbulento llegamos a Auswitchz. Descubrimos que Blas no es la persona fuerte que aparenta ya que casi se pone malo antes de entrar.


Visitamos los campos de exterminio de Auswitchz II-Birkenau con una sensación de amargura recordando lo que pasó allí y sintiéndonos decepcionados, al pasear entre los barracones, por el horror que el hombre es capaz de causar.
Llegaron las 3, la hora de comer. Blas insinuó que había visto un centro comercial con un KFC cuando entrábamos en autobús. Fuimos en su búsqueda, pero aparentemente nos perdimos. Caminamos y caminamos y decidimos preguntar a unas chicas polacas que había por allí, nos indicaron el camino, “diez minutos en línea recta”, nos dijeron, esos diez minutos se transformaron en media hora. Al fin lo encontramos, y además allí había wifi, todo un milagro. Comimos y descansamos, y después fuimos al Carrefour a comprar la ansiada espuma para el pelo.
Volvimos a los campos de exterminio, dimos una pequeña vuelta por Auswitchz I y volvimos a nuestra casa en Cracovia.
Esa noche también salimos, y nos colamos en una boda. Después encontramos un bar italiano a buen precio, decorado con carteles y fotos de películas italianas o sobre la mafia, donde Blas y Juan nos contaron sus historias de juventud.
Tras dar una vuelta volvimos al apartamento, nos comimos un yogur y estuvimos dando guerra hasta las 2 de la noche (según Blas).
Amaneció el domingo, y por la tarde llegó la hora de encontrarnos con nuestros respectivos “hosts”. Estábamos un poco incomunicados, cuando nos encontramos con un español, Pedro, de Valdemoro, que hablaba polaco e inglés fluido (afortunados nosotros), según Juan este chico tiene posibilidades para casi todo en la vida.
Llegaron los polacos, y todas pensamos que en realidad viviríamos en Końskie, pero el viaje en coche se iba haciendo largo, y cada vez más largo, y acabamos en pueblecitos pequeños alrededor de Końskie. Esa noche conocimos a las familias, entregamos los regalos y cenamos. En la cena, si tienes suerte te dan champagne (Pilar), si no, té (todas las demás). Y hay que decir que los polacos están obsesionados con el té.
El lunes por la mañana fuimos al instituto, donde presentamos los trabajos y nos dividieron en grupos internacionales. A media mañana nos dieron a probar comida típica polaca, sin mucho éxito. Nos llevaron a dar una vuelta por Końskie y fuimos a comer a un restaurante, el Astoria, donde se alojaban los profesores. Tras la comida nos enseñaron tres bailes típicos polacos. No todo el mundo se atreve a bailar.
Esa noche nuestras “hosts” nos llevaron de fiesta a Mateusz's village, (no recordamos el nombre del pueblo, pero él vive allí), pero Rosa y Pilar no fueron, porque una vivía en la Alhambra de Polonia y la otra en el San Carlos del Valle polaco. Allí Leticia y yo nos sorprendíamos de lo que veíamos. Se trataba de una especie de casa de campo a las afueras del pueblo, una cabaña de madera con una hoguera en el centro. Veíamos cómo realmente es la fiesta de la gente del norte. La fiesta acaba (para unos mejor que para otros). Es hora de volver a casa a dormir.
El martes por la mañana nos llevaron al instituto para ir a visitar una granja apícola. Allí lo único que nos importaba era buscar wifi y a Blas descubrir parecidos entre el "mead" y la mistela. Después nos llevaron a comer a un restaurante hecho totalmente de madera, con asientos bastante incómodos. Nos sirvieron una cantidad inhumana de una especie de empanadillas, una comida polaca muy típica, tantas que ni si quiera Juan pudo con ellas.
Volvimos al instituto y allí comenzamos un proyecto cada una en nuestro grupo, una foto-historia.
Después volvimos a las casas de las familias. Pasamos la tarde con la familia, en el lago, en un centro comercial, conociendo al resto de la familia... Llegada la noche tocaba dormir pronto, pero en casa de Pilar le ofrecieron Jack Daniel's en lugar del típico vaso de leche, y ella se lo tomó igualmente, por no hacerle el feo a la familia, claro está.
Muy temprano el miércoles fuimos desde Końskie en  dirección a Cracovia, donde realizamos un “quiz“sobre la ciudad, y después nos dejan tiempo libre, el cual ocupamos en visitar las tiendas de “souvenirs” para encontrar el mejor precio para comprar los regalos el sábado a la vuelta. Después fuimos rumbo a Zakopane, una ciudad de montaña muy al sur de Polonia, cerca de la frontera con Eslovaquia. Cuando llegamos allí estábamos ansiosas por comer pero descubrimos que no íbamos a comer sino que íbamos a cenar ¡A las 4 de la tarde! Por la tarde nos llevaron a Zakopane, a dar una vuelta por el pueblo y por si queríamos comprar algunos “souvenirs” nos daban tiempo libre, pero que no era tan libre, ya que teníamos que organizarnos en nuestros grupos y hacer las fotos para la “photo-story”. Fuimos a comprar comida para sobrevivir hasta el siguiente día y volvimos al hotel, donde nos tenían preparada una 'fiesta' en la discoteca del hotel. Al final acabamos un gran grupo de gente Comenius hablando en una habitación ya que nadie había ido a la fiesta.
El jueves nos levantamos y tomamos el funicular que nos llevó a las montañas, cerca de una estación de esquí y con picos nevados al fondo, donde tuvimos también tiempo libre para tomar fotos y comprar algunas cosas. De vuelta en el hotel volvimos a cenar. Después nos dividimos en los grupos y trabajamos en las “photo-stories”. Al acabar nos quedamos unos cuantos jugando a un juego de adivinar los logos y marcas de cosas, y nosotras las españolas fuimos las que más sabíamos (los de otros países se reían porque casi todo llevaba 'iber-'; Iberdrola, Iberia...). Después podías elegir entre ir a un restaurante a comer algo o quedarte en el hotel. Nosotras nos quedamos en el hotel cogiendo wifi, sentadas en el suelo como unas desesperadas por obtener contacto con el mundo fuera de Polonia, a la vez que aprovechábamos para escribir nuestras experiencias de los días pasados. Esa noche tuvimos otra fiesta, ya que era el cumpleaños de un alemán. Cantamos 'Feliz Cumpleaños' en todos los idiomas, les enseñamos la tradición de tirar de las orejas, y ellos nos enseñaron que allí en Polonia dan un latigazo en el culo por año cumplido (hay un vídeo).



El viernes por la mañana nos llevaron a ver las Minas de Sal a un pueblo cerca de Cracovia. Tuvimos que bajar a pie 364 escalones. Afortunadamente para subir había un ascensor. Allí, a más de 100 metros de profundidad, Blas no hacía más que sorprenderse, aunque hay que decir que cuando pasamos a una gran iglesia allí abajo, todos nos quedamos un poco atónitos. Aunque en realidad la sorpresa fue a la hora de comer, donde nos llevaron a un restaurante (todavía bajo tierra) que nos hizo olvidar dónde realmente estábamos, ya que además había wifi. Terminada esta visita, tocaba volver a Końskie, pero nosotras nos quedamos en Cracovia, así que tuvimos que decir adiós a nuestros nuevos amigos.
Ya en Cracovia surgieron un par de problemas, esa noche casi nos toca dormir en la calle. La compañía de los apartamentos se equivocó con la reserva y tuvimos que compartir los pisos con el grupo de croatas, que ellos también hacían noche en la ciudad. Ellos eran 8 en un apartamento de 6, y nosotros 6 en un apartamento de 4, así que nos tocó a las 4 chicas dormir en el sofá cama.

 

Amaneció el sábado en Cracovia, un tiempo inmejorable, sol y una buena temperatura. Desayunamos y tuvimos que movernos de apartamento. Dejamos las maletas en nuestro nuevo hogar y fuimos dando un paseo por Cracovia, por la zona del río y vimos nuevos lugares. Compramos para preparar la comida, y nos dirigimos al apartamento.
Nos organizamos para hacer la comida, Blas se encarga de la tortilla española y Gloria de los spaghetti alla carbonara, los demás son los pinches, pelan patatas, baten los huevos... Comimos mientras teníamos una agradable charla (ya que no había wifi, ni televisión) y tomábamos un café. Tuvimos otra conversación de '¿Qué pasa chavales?' con los profesores y nos echamos unas risas.
Después nosotras nos fuimos de compras mientras los profesores hacían turismo urbano.
Intentamos buscar los mejores precios y ofertas, pero no funcionó y a Pilar la acabaron timando, dejándose casi 150 szloty en llaveros. Acabamos las compras y esperamos en la plaza al novio de la chica que acogía a Gloria, Nina, ya que él trabaja allí y quería enseñarnos un poco la ciudad por la noche. Mientras los profesores iban a un concierto de música clásica en una iglesia, a nosotras nos llevó a un bar subterráneo donde había muy buen ambiente y ponían música buena, jazz, rock... Además, con cerveza buena y barata. Después nos reunimos todos y fuimos a cenar al restaurante italiano de la semana pasada. Cenamos pizza, hablamos y nos despedimos de él, volvimos al apartamento a terminar la maleta.
Tomamos un desayuno rápido el domingo, guardamos las últimas cosas en la maleta y tomamos el autobús rumbo al aeropuerto. Tocaba decir adiós a Cracovia.
En el aeropuerto volvimos a tener más capas que una cebolla, pero aun así a Blas no le entraba la maleta en el cajetín, y tuvo que abrirla y sacar más jerséis fuera y ponérselos...
Poco a poco, llegó la hora de subir al avión. ¡Qué poco dura lo bueno!.

 

Thursday, 19 September 2013

Some pictures from Zakopane in Poland

You can enjoy of these pictures from Zakopane when we were in this beatiful mountain town in september 2013.

Wednesday, 11 September 2013

Our Jigsaw-puzzle to speak about "Bees population and their behaviour" in Poland

We have finished our work in Spain, our students have made a jigsaw-puzzle to support their presentation in Konskie (Poland), and they have practiced their speeches twice before to go to Krakow this weekend.

Good luck in your presentation and enjoy the week there!.




Tuesday, 10 September 2013

Process to do our work in Poland: A jigsaw about the bees

We are working about this project: "Bees and their behaviour", and here you can watch some pictures about the process to prepare the puzzle and the speeches for the next week in Poland (Konskie city).

 


Speeches in Poland (September 16th)

Our students will speak about "The bees and their behavior", and here you can read the text that they have prepared to do their speeches in Poland.

Friday, 9 August 2013

Końskie vídeo

Nuestro próximo destino será la ciudad polaca de Końskie, aquí colgamos un vídeo de más de 30 minutos donde poder ver la ciudad polaca.